miércoles, julio 15, 2009

GRATIS

Como trogloditas que golpeasen con su porra las paredes de la cueva en la que acaban de despedazar un mamut, estábamos reunidos un grupo de hombres. Mucho más modernos. De hecho vestidos muy poco como hombres, más como petimetres que otra cosa. Tragando birras y diciendo esas cosas que sólo cuando están juntos dicen los hombres.
Tamaños, técnicas, estrategias, experiencias y muchas más cosas se mezclaban hasta que alguien dijo, cómo no nos va a gustar el sexo, si es gratis. Fue Germán. Y yo pensé, ¿el sexo es gratis? No siempre, evidentemente.
Hay un caso en el que siempre hay que pagar. Se lo quiera llamar con cualquiera de los cien nombres que tiene. Pero además hay otras muchas formas de que el sexo no sea gratis.
Siempre uso condón. Me cuesta 6 euros el paquete de 12 y un ataque de nervios pedírselo a la guapa farmacéutica. Y el bochorno de ser tartamudo es muy caro. Hace falta un condón. Te sale a 0.50 euros el polvo. No es caro. Es gratis prácticamente. Lo mismo sucede con la píldora.
Para el sexo hace falta un lugar. La última casa que compré lo hice porque tenía unas vistas estupendas, pero no por el sexo. El coche tampoco. Pero me conviene que sus asientos sean abatibles. Eso sí, si alquilas una habitación para hacerlo se vuelve un placer muy caro. Felipe me lo dijo el otro día. 60 eurazos. Total para que no se la chuparan.
Zoilo suele invitar a la mujer a cenar. Eso no es gratis. Yo las suelo llevar al cine a ver si con la oscuridad dejan de verme y se olvidan de lo feo que soy. Eso tampoco es gratis. Y si la invitas a copas hasta que esté borracha como un lémur (estrategia del capitán Marco) tampoco. El Profe, un anticuado, suele hacer regalitos, y si tienes que comprarla rosas, bombones, perfumes, un mp4 o cualquier otra cosa te sale por un pulmoncito.
Es decir, que el sexo es gratis normalmente cuando depende de la imaginación y de la mano (si no interviene el bienamado porno). El resto del tiempo y teniendo que intervenir otra persona y teniendo por tanto que convencer a la otra persona (¿si el sexo mola tanto porque hay que convencer a la mujer para que lo haga, incluso cuando ya es nuestra pareja? Esto no tiene sentido) el sexo no es gratis.
Casi es mejor ir a un lupanar. Allí el precio está establecido. Para el resto nunca sabes cuánto tendrás que pagar.

Gratuidad ya

martes, julio 14, 2009

JAPONÉS

Las profundidades de la mente humana son insondables y curiosas. En ella encontramos gloriosas ideas como esa que dice E=mc2 o esa otra que dice “como me gusta la gasolina dame más gasolina”. Y en ella encontramos filias y bofias. El amor a los zapatos o el odio a los espárragos de navarra.
Amanda tiene una extraña fobia, le dan miedo los japoneses. Pero el problema es aún mayor, como no sabe reconocer a los japoneses del resto de los orientales, le dan miedo todos los orientales.
Es que tienen los ojos super rasgados, y comen pescado crudo y si agachas la cabeza te dan un cabezazo y y y y… inventaron humor amarillo.
Estas son las razones que da para odiar a los japoneses. Pero tampoco le entusiasma el consumo masivo de arroz, el tener que dormir en el suelo ni Shin Chan.
Su problema sería estúpido si viviera en occidente, porque lo más que le pasaría es que no podría ir a las tiendas de chinos, pero como sabe que no son japoneses puede ir sin problema. Pero es que Amanda tiene un cuñado japonés y no puede soportar las comidas familiares.
Cuando llega pregunta si está su cuñado y si está pide que le aten que no se vaya a mover. Está todo el rato alerta y cuando ve que se mueve el pobre hombre da un respingo y dice, quieto, japonés, quieto, sujetad al japonés no vaya a escaparse.
Cuando va a salir y el japonés está fuera pregunta dónde está y si no se va a mover, que no quiere cruzárselo por el camino. Pide que coma aparte. Que duerma lejos y que le pongan un cascabel, para saber cuándo viene y por dónde.
El tío tiene una paciencia magistral y le va cogiendo la gracia a lo del cascabel. Por las noches lo hace sonar con un ritmo estupendo. Amanda pasa las noches en blanco o entre pesadillas. Su fobia japonesa no le deja vivir.

Japonés armándose de paciencia

lunes, julio 13, 2009

FRACASOS RESUMIDOS RÁPIDAMENTE

Ya no soy tan joven. Se me van oxidando las articulaciones. Voy teniendo achaques, dolores raros, suspiros cuando me siento o me levanto. Tengo las manos cada más viejas. Y los codos. Cuando queráis saber la edad real de alguien miradle las manos y los codos. Esos sitios no mienten.
Pero tampoco soy un anciano. A pesar de todo las frustraciones y el cansancio me van dejando una cara de viejo que no hay manera de sacar por ahí fuera. La gente que me ve dice que estoy muy estropeado y la mayoría no me reconoce o hace que no me reconoce. Creo que es más motivo de las frustraciones y los fracasos que de otra cosa.
Cada fracaso se me ha ido marcando en la cara. Como cuando aquella chica y yo, ahora la veo mucho y me doy cabezazos contra el suelo al ver que está aún más guapa, teníamos decido dónde ir y más o menos qué hacer. Pero llego su amiga y dijo no, con estos tíos no me dejas sola. Una arruga.
O la otra vez que en el coche ella y yo (esto me dio un poco igual, pero luego me tiraba del pelo como una heroína griega) me dijo ¿y ahora qué hacemos? Y yo le dije ¿Te llevo a casa no? Y la lleve a casa. Y ella no me ha vuelto a preguntar qué hacemos pese a que yo lo he intentado.
O esa otra vez que estaba ella detrás de mí, esperando que me decidiera y decidí que no, que mejor me quedaba quietecito, no fuera a ser que lo hiciera mal y la cagara.
O esa otra que me decía que me pagaría en carne mi ayuda y solos los dos me decía que tenía interés en probar el sexo, que no lo había probado aún y tú qué, lo has probado, qué tal es, qué tal es, vivo sola. Y yo pensaba en su amiga porque soy medio lelo. Y ella se ha casado y yo tengo más arrugas, más canas.
O la que me dijo que se había enamorado de un tipo igual igual a mí y yo le decía, joder nadie hay tan igual a mí que yo. Pero se casó con él y la hizo una hija.
Y más y más fracasos que no tengo humor para contar, porque me estoy contando las canas y me he perdido. Si cada cana es un fracaso, si cada arruga es un fracaso, es normal que parezca tan viejo.


¿Tan viejo parezco a mis treinta años?

domingo, julio 12, 2009

MENTIRA

Todo el mundo miente. Era una frase que repetía y repetía. Porque era una verdad innegable. Pese a ser una paradoja absoluta. Pero era así. Todo el mundo miente. Él mismo mentía. Y mucho. Y a veces, incluso mentía bien. Y se ocultaba. No era la verdad. Si no la mentira lo que hacía libre.
Evidentemente la verdad hace libre de servidumbres, de prejuicios. Lleva a una libertad individual y absoluta libre de posibles dudas o prejuicios o Dios quiera qué cosas. Pero la mentira tenía una cualidad fabulosa: dejaba que te escondieras tras ella. Y como todo el mundo miente todo el mundo vivía escondido.
Así vivían todos. Unos más que otros. Los que mejor lo hacían nunca eran sorprendidos y parecía que su mentira era su vida real, su verdad, siendo, como la de todos, una mentira más gorda que la campana de un catedral.
Pero allí había otra mentira más grande. La mentira propia. Vivían mintiéndose a ellos mismos. Esa era la peor mentira. Porque no dejaba ver nada. Sólo lo que querían ver. Y vivían siendo cosas que no eran, pretendiendo cosas que no pretendían, fingiendo ser o vivir o estar.
Ella se mentía a sí misma. Decía ser feliz con su marido. Cuando la dejo descubrió la mentira que se había contado a sí misma. Y empezó, de alguna forma a ser más feliz. Pero volvió a mentirse, a construirse una falsa vida mejor que la que tenía. Ocultaba su dolor. Ofrecía su sonrisa falsa. Y esa otra mentira a sí misma acabó con ella.
La empujó por los caminos más dolorosos que nunca había visitado. Visitó la humillación. Y el dolor. Y el rencor. Y el ridículo. Todo duro y crudo. Porque no había mentira nueva que tapase lo sucedido. Porque la misma mentira, la misma vida dos veces, no cuela.
Todo el mundo miente. Esa frase es mentira. Pero no falla nunca.

Las mentiras crecen, se alimentan de sí mismas

sábado, julio 11, 2009

SALVADOR

Siempre había tenido una vocación rara de salvador, como una sensación de que tenía que hacer cosas por los demás, que tenía que cuidarlos y alegrarlos y ocuparme de ellos, que tenía que salvarlos, de todo, de sí mismos, de los demás, de la realidad.
Era un poco un complejo de misionero que va a salvar el mundo, que va al África tropical a luchar contra la incomprensión y las guerrillas y el clima y el hambre y la historia y el tiempo y todo. Y lo hace sabiendo que hace algo importante, que tiene que hacerlo.
Yo también tenía esa sensación de tener que hacerlo, de tener que salvar a la gente, de tener que cuidarla, ocuparme de ella. Una especie de héroe, o de abnegado santo que está aquí para ayudar y nada más.
Entonces te conocí. Y debía también salvarte. Como a todos. Como a todas. Estabas rota. Poco a poco te fui recomponiendo. Recuerdo el día que empezaste a sonreír. Y el primer chiste mío del que te reíste. El corazón se me hizo grande. Estaba seguro de que llegarías a ser feliz.
Y fuiste feliz. Más feliz que ninguna. Más feliz que nunca. Y era yo el que lo hacía. No sé cómo fue que nos enamoramos. Con otras antes no me había pasado. Y habían sido muchas. De las que me enamoraba no necesitaban nada. Sobre todo no me necesitaban a mí.
Lo que yo no apreciaba eran los cambios que se producían en mí. El desinterés por cosas que antes me preocupaban. Y al revés. El enorme interés que me producían cosas absurdas y extrañas. No por cosas que tú quisieras o me indicaras. Si no cosas que yo había descubierto solo.
Empecé a dudar sobre mí y mi vida. Tal vez no fuera todo como debía ser, como yo creía que era. Tal vez eras tú la que había llegado para salvarme a mí. Tal vez. Tal vez. Empecé a sentirme inseguro, incierto. Como si no fuera el que era.
Pero no estaba triste por no ser. Era feliz y alegre. Estabas a mi lado. Te podía buscar. Y aunque no estuvieras me sentía reconfortado por ti. La verdad era evidente. Yo no había sido tu salvador. Era yo el que necesitaba ser salvado. Eras tú la que me había salvado.


Caballero andante

viernes, julio 10, 2009

FRACASOS

Felipe se levantó con mal píe el otro día. Está un poco deprimido. Una chica con la que salía le ha dejado. Como el resto de mujeres con las que ha salido. Total que está otra vez solo como siempre. Y como además es un tragabirras me ha llamado desde el bar y se ha puesto a contarme un montón de cosas sobre su vida amorosa. Yo no es que le haya prestado mucha atención, porque me estaba timando con la rubia de al lado, pero como al final se ha ido no me ha quedado más remedio que escucharle.
Su primera novia, siendo casi un niño, le dejó porque le estropeó su muñeca favorita. A Felipe se le cayó en un charco y la muñeca ya no podía decir: “mamá mocos” y otras cosas asquerosas. La segunda novia le dejó porque le dijo un día: “Joder, tú madre está muy buena” Ella se lo tomó mal y bueno él se quedó sin novia y sin suegra buenorra.
Luego otra le dejó con un sms. Bt kn tu madr. Otra le dejó el día de su cumpleaños: Como regalo te devuelvo todos los regalos que tú me has hecho en este tiempo: ninguno. Quiso conquistar a una mujer espectacular, pero ella se hizo lesbiana. Quiso conquistar a su hermana. Y se metió monja.
Felipe lloraba mientras me contaba que todas le decían que era un amante pésimo, que olía mal, que su ropa estaba sucia, que siempre llegaba tarde, que se emborrachaba mucho. Me dijo que me quería. Y luego reflexionó ¿no seré gay? En ese momento le di dos hostias.
Creo que reaccionó, pero desde entonces me mantengo un poco a distancia. Me parece que me está echando ficha.

Hombre solo, ¿mejor que acompañado?

jueves, julio 09, 2009

AMOR Y COMIDAS

Oh, l’amour toujours l’amour. Y no, no me refiero al local, sino al amor, el eterno sentimiento. Zoilo se ha enamorado. Está como el tío por una señorita que no le hace mucho caso. Pero eso a él le gusta y se emociona diciendo: ¡Ay, ayer me pasé una hora mirándola y ella me ignoró! ¡Le he escrito dos libros de poemas y ella los ha usado para hacer aviones de papel!
Total que Zoilo está la mar de contento pensando en qué cosas guay puede hacer por amor a esa muchacha de sus entretelas que pasa de él. Y como Zoilo otros tantos hombres y machos del universo andan haciendo el tonto por mujeres, e incluso mujeres y hembras haciendo el tonto por hombres.
¿Qué tonterías se hacen por amor? La primera de todas no dormir. ¡Llevo tres días sin dormir, estoy enamorado! Oye deberías dormir porque mañana me operas. Pero es una operación fácil. Sí, es fácil, pero es mi fimosis.
También se deja de comer. ¡No tengo hambre, llevo ya cuarenta días sin dormir! ¡Réprobo! ¡Ateo! ¡Hereje! ¡Cómo te atreves a compararte con Nuestro Señor!
Pero quizá la peor de las cosas que se hacen por amor no es dejar de comer, sino comer. ¡La de cosas que se comen por amor! Se comen visitas a los padres, tardes de compra, noches en el sofá con los amigos pidiéndote en el móvil que vengas a ver el partido y sobre todo se comen pollas. Un sentimiento que para expresarse requiere eso, la verdad, no acaba por compensar. Por suerte los sexos que a mí me gustan no son esos. Si fuera una hembra y por no hacerlo me haría lesbiana.


Bonita estampa amorosa