viernes, diciembre 04, 2009

DINERO

Ella no quiso mi vida. Sólo me pidió dinero. Dinero para irse más lejos de mí. Y, claro, se fue. Hasta que se le acabó el dinero y me volvió a llamar y yo volví y fui feliz un rato, hasta que cogió mi pasta y se volvió a largar.
El problema es que yo, lelo como soy, quiero a esa mujer que me patea el culo y la cartera cuando me ve. Es dominicana y se llama Nicole. Tiene un novio. O tal vez una novia. No lo sé. Y la conocí una noche por ahí.
Después de acostarse conmigo me pidió dinero. Y yo se lo di. Y le di mi vida. Pero no quiso mi vida. Sólo me pidió dinero… pero esto ya lo he contado.
Ahora intento despagarme de ella, pero no puedo, así que voy a verla a cada rato y la pago y como no le gusta darme besos, beso los billetes que le pago. Porque sé que ella luego los besa, que le gusta mucho más el dinero que yo y que cualquier hombre. E imagino que mis besos y sus besos se juntan en esos billetes manoseados, esnifados y quién sabe qué más.
Total, que al menos estoy teniendo contacto carnal con una mujer. Y con mi cajero automático.

Basado en una canción de Serrat, y en un hecho real.

jueves, diciembre 03, 2009

ACOSADORES

Hay quien nunca se entera de nada. Yo soy uno de ellos. La gente se pasa la vida insultándome y yo nunca me doy cuenta. ¿Cómo sé entonces que me insultan? Porque luego viene Felipe y me lo cuenta. Pero bueno, qué se le va a hacer. Al menos yo soy consciente de que cuando me han dicho, o insinuado, que no, es que no.
Los machos alfas tienen también ese problema. Son inasequibles al desaliento. Será que como son deportistas creen que tienen que ganar siempre. Y no se puede ganar siempre. Yo lo sé bien.
El Capitán López, macho alfa donde los haya, acosa a una mujer. Todos los días va a verla, la llama, la manda correos electrónicos, etc. Es un tío muy pesado. Y así consigue que, de vez en cuando, ella se acueste con él. Son pocas veces, pero son más de las que conseguimos los demás.
Mientras, los demás ejercemos de pagafantas. Y no nos va bien. Tendremos que ser alfas de una vez y empezar a acosar. Pero creo que a nosotros, ni eso nos va a funcionar.

Típico alfa metiendo mano

miércoles, diciembre 02, 2009

EXCUSAS

Como pringado que soy me ha pasado muchas veces. Aún así no termino de acostúmbrame. Las mujeres, esos grandes desconocidos, me han puesto multitud de excusas para darme esquinazo.
Desde el típico, tengo que lavarme el pelo, es que mi madre no me deja, mi novio se enfada, mi prima no tiene pareja y no le gustan tus amigos, tengo las uñas recién pintadas, no tengo nada que ponerme, y muchas, muchas, muchas más. De hecho podría yo solo escribir un libro con estas excusas.
Una de mis favoritas es, mira es que tengo un novio en Jerez, y yo, ingenuo, pregunté, ¿cómo se llama? José, ah, y de qué trabaja, es carpintero, no tendrá un hijo que se llame Jesús dije yo, no, no lo tiene, a lo que contesté, pues mira yo te lo hago y dices que ha sido el espíritu santo. La hostia aún me duele. Pero mis argumentos eran buenos.
Otra fue esta. No puedo quedar contigo porque se me duerme la lengua. Yo miré incrédulo y me dijeron: la lengua es un músculo también puede dormirse, ahora puse cara interesante y dije: y qué estabas haciendo. Y ella dijo: nada que te vaya a hacer a ti. Y se piró.
Pero creo que hoy me han dado la excusa definitiva: tía, qué tal si nos vemos, no puedo, tengo gripe A, ¿Gripe A? genial así me la pegas, no voy a currar y además me inmunizo, es que tengo fiebre, pues te hago sudar y se te quita, es que me duele todo, pues yo soy tu aspirina, es que, es que, es que me van a poner en cuarentena, bueno, pues así yo te hago compañía, y ya la mujer, un poco harta de mi falta de entendimiento dijo: mira no tengo gripe A, pero voy a ver si me la pegan y me muero para no verte más. Y ahí se acabó nuestra historia de amor.
Total, que estoy salido y no sé cómo solucionarlo.

No me extraña que se te duerma, lo difícil será despertar todo eso

martes, diciembre 01, 2009

REUNIÓN DICIEMBRE 209

Nueva reunión de los chicos de Creatura. Empezamos con un aplauso que queremos reproducir por la gran hazaña de Ana. ¡Muy bien Ana! Y seguimos todos en torno a las chuches que nos trajo Noemí. Años hacía que muchos no comían uno de aquellos dulces. Los devoramos en un rato, mientras iba a lo de siempre.
Para el próximo mes:
Portada: Julio.
Editorial: Noemí.
Establecimiento: el Círculo.
Contra: Ana.
A la próxima reunión ya podremos ir con los regalos de Reyes estrenados, porque será el día 11 de Enero.
De las colaboraciones se ocuparán: Noemí – Rubén, la Asociación y tal vez el Coñazo de la Feminista.
Esta dulce reunión se fue separando entre frases grandilocuentes (o puaj) y un fresquito que, sinceramente, era muy molesto.


Chucherías, para todos, un poco de felicidad

lunes, noviembre 30, 2009

LAS 10 EXPRESIONES MÁS ODIOSAS

Reunidos y casi de acuerdo Felipe, el Profe, Zoilo, Lila, Amanda, el Capitán López y un servidor hemos llegado a la conclusión de que estas son las diez expresiones más odiosas en lengua española hoy en día:
1. Ciudad Real (aka. Ciudy) Ciudad que alberga al mejor equipo de balonmano del mundo, de momento, y donde se supone que está el paraíso terrenal.
2. PDA. Artilugio que, desengañémonos, no sirve para nada.
3. ¡Profe! Dejadme en paz un rato por favor.
4. No tengo Tuenti. Tía, si no tienes tuenti no eres nadie.
5. ¡Qué frío! Mira el calendario, es lo que toca. Y lo que no toca es que tú estés tocando lo que toques.
6. No tengo su teléfono. ¿Cómo es posible que nadie tenga el móvil de ese hombre?
7. Cristiano Ronaldo. También conocido como el Pavo Real. A ver si os enteráis de que el bueno es Xavi.
8. Zarpa. Sin comentarios.
9. Nariguda. La cosa es sacar defectos. Tú mírale las tetas…
10. Pásate por mi blog. Mira, pajillero exhibicionista, los blogs son una mierda.

Seguro que tú podrías aportar las tuyas propias, pero de momento con estas, a nosotros, nos vale. En la próxima: Muse, los gafapastas y otras idioteces modernas. Y también el hit del momento: ¿Quieres lotería?

Algún lugar de Ciudad Real

domingo, noviembre 29, 2009

ODIO

Le decían siempre que conocían a alguien igual que él. Que habían conocido a alguien igual que él. Y Rubén decía, no quiero conocerlo, si es como yo, no me caerá nada bien. Rubén no se lleva bien consigo mismo. Se caía muy mal. Se odiaba. Y no entendía bien porque los demás no le odiaban también.
Con el tiempo llegó a saber que también tenía cosas no odiosas, no odiables. Que tenía cualidades. Pero esa sensación de no caerse bien, de complicarse la vida aposta como para hacerse daño, no se le pasaba.
Rubén tiene por costumbre odiar a todo el mundo. Al menos en las primeras impresiones. Luego ya les concede, o no, la duda, incluso el perdón. Pero en un principio todos son para él iguales, todos son odiosos.
Laura también le pareció odiosa. Pero al poco la perdonó. Y después volvió a odiarla. Y luego, bueno, luego no tuvo más remedio que quererla, como se decía a sí mismo, no tenía otra opción con ella
Ahora que no la quería, que había dejado de amarla empezó, sin querer, a odiarla. Fue por las pequeñas cosas. Por el pintalabios olvidado que hay que colocar. Porque nunca ordenaba el tercer cajón de la cómoda. Porque llegaba tarde.
Pero sobre todo la gran razón para odiarla fue la pregunta, la duda. ¿Y si no me quiere? Si no le quería, qué hacían los dos juntos, por qué hacían el tonto. Sabía Rubén que esa no era una razón para odiarla. El hecho de que ella no le quisiera. Que si eso sucedía era por su propia culpa, por lo que él hiciera, y no culpa de Laura, pero no podía evitarlo.
¿Y si no me quiere? Y la odiaba un rato, con furor, se levantaba, iba al baño, gritaba. Respiraba hondo. Trataba de relajarse. ¿Cómo saber la respuesta a esa pregunta? ¿Y por qué esa pregunta? ¿Qué importancia tendría que ella no le quisiera? ¿Qué importancia ahora que él no la quería?
Esa nueva duda se instaló en su cabeza. Trató de ahuyentarla de su cabeza. Estaba muy cansado de ideas repetitivas. Últimamente todo le hacía hueco y se quedaba. Unas ideas sustituían a las otras sin solución de continuidad. Esta vez tampoco pudo deshacerse de la duda.


sábado, noviembre 28, 2009

SABER

Ana miraba a Laura. La veía tan distinta, como si estuviera creciendo, siendo más de lo que era. A Ana le gustaba Rubén. Es una de esas cosas que no pueden confesarse. Que casi hay que callarse a uno mismo. Y no entendía cómo era posible que Laura, ahora que olvidaba, pues era evidente que le olvidaba, a Rubén estuviera mejorando tanto. Estuviera más guapa, más feliz, hasta más alta.
Ana no quería saber, pero sabía. Hubiese preferido mantenerse en el desconocimiento, en la ignorancia, pero sabía muy bien que Laura estaba enamorada de Luis. Y que por tanto había olvidado a Rubén. Sin embargo, seguía viviendo con él, durmiendo con él, hablando con él.
Ana no sabía que realmente Laura hacía mucho que se había independizado de Rubén. Que casi no vivía con él, que se tumbaban en la misma cama, pero muy lejos, que no dormían a la vez, que no hablaban nunca de nada.
Ana lo sabía cómo Laura lo sabía. Y Laura estaba contenta de saberlo. De ver que podía amar a alguien. A veces pensaba en Rubén, en cómo había querido a Rubén, en la vida que habían llevado juntos, lo feliz que él había conseguido hacerla. Y sentía remordimientos. Entonces le buscaba por la casa y le encontraba casi siempre durmiendo en el sofá.
Le miraba un rato y pensaba si no estaría enfermo, si no le estaría pasando algo, si no era muy raro que durmiera tanto en el sofá. A veces le echaba una manta por encima y le daba un beso. Le tocaba en la mejilla. Tocaba así los besos que le había dado antes. Y ese recuerdo de los besos le ponía una sonrisa en la boca. Aquel hombre era bueno. Había hecho tanto bien por ella.
Pero sabía que ya no le quería. Y le dejaba bajo su manta. Y se iba con Luis. A pensar en Luis o a llamar a Luis y salir a pasear con Luis. A sonreír. Que era lo que Luis le hacía. La hacía sonreír.
Rubén despertaba y no se extrañaba de que Laura no estuviese, simplemente buscaba su radio, la encendía y leía, corregía, trabajaba en lo que fuera. Hacía la cena. La esperaba. Cenaban o no juntos. Veía algo por la tele. Seguía leyendo.
Laura sabía que hacía todo eso. No sabía que por dentro Rubén iba poco a poco sabiendo, como ella ya sabía.